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Febrero 23, 2008 - Leave a Response

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mercado libre

Septiembre 7, 2007 - Leave a Response

estamos de vuelta

Septiembre 7, 2007 - Leave a Response

despues de unas largas vacaciones y algunos problemas tecnicos hoy estamos nuevamente on line y con muchas ganas. si hacerte perder mas tiempo un saludo y que disfrutes de nuestro sitio.

Esa noche sin querer

Septiembre 4, 2007 - Leave a Response
Hola soy Maria Laura la autora de “una noche con un perro”. Aqui les mando otro relato que me paso otra noche. Espero que les guste. Para las CHICAS que quieran escribirme lo pueden hacer a mariazeballos_ar@hotmail.com. SOLO CHICAS NADA DE HOMBRES NO INSISTAN CHICOS PORQUE NO RESPONDERE Y RECHAZARE TODO E-MAIL DE HOMBRES!
Nos preparamos con mis amigas para ir a bailar al Pub que queda cerca de mi casa como a 7 cuadras. Me puse un vestidito azul cortito, con un buen escote por delante y de espalda abierta, me coloque mis calzones predilectos para salir que son solamente una tirita que se mete en mi culito.

Como queda cerca nos quedamos en juntarnos alla y me fui caminando, dentro del Pub. encontramos una mesa y nos pusimos a conversar y tomar unos traguitos, varios chicos me sacaron a bailar y cerca de las 4 de la madrugada ya me sentia un poquito mareada asi que decidi irme sin avisarle a las chicas por que sino ella me hubiesen acompañado hasta casa y les habria arruinado su noche.

Como pude me fui, Sali del Pub, llegue a la esquina y doble en direccion a mi casa a mitad de cuadra hay un callejon al cual da la puerta de escape del Pub y dentro del callejon habian 3 perros cojiendose a una perrita.

Eso me excito y me meti en el callejon a verlos, me sente en los peldaños de la escalera y mientras los miraba me acariciaba mi vagina. Un gran perro blanco se la estaba comiendo a una perrita que era la mitad de tamaño que el, los otros dos aguardaban, me saque mi calzoncito el cual estaba bien metido en mi culito, lo deje a un costado y mis deditos jugaban muy rico con mi clitoris, estaba mojada y deseaba tener un pene en mi interior.

Al cabo de unos minutos uno de los perros, una mezcla de razas se me acerco olfateando el aire, saque mis mano y se la di a olfatear, el bribon la olfateo y me la lamio, eso provoco en mi un deseo enorme de ser poseida por el ahi en el callejon donde el solo pensar que alguien me pudiera pillar me ponia calientisima,, me subi lo poco de vestido que cubria mis piernas y las abri bien para dejarlo lamer si el quisiera.

En eso se acerca otro perro chiquito como un pitbull el cual se puso a olfatearme entre las piernas, deseaba que ellos me la lamieran toda, con mis manos me acariciaba mis pechos estaba loca de ganas y con algo de alcohol en mis cuerpo, el chiquito metio su hocico den mi vagina comenzando a lamerla, era rico sentirlo, mis deseo eran extremos en ese momento, me recline para dejar mi espalda apoyada en la pared con las piernas abiertas y mis nalgas apoyadas en el cemento, mientras chiquito me lamia, mmm su lengua mas chica que la de los mios entraba en mi vagina dandome oleadas de placer y deseo.

Al cabo de unos 3 o 4 minuto la perra que hay en mi salio, me puse en cuatro y le di todo mi hermoso culito en su cara, estaba tan caliente que por debajo de mi meti mis deditos en mi vagina, su lengua y mis dedos me estaban llevando al primer orgasmo callejero de mi vida, toda esa escena mas la sensacion de ser descubierta haciendo algo asi me hicieron acabar como loca, mis jugos se mezclaban con su baba en mis labios, queria ser montada pero el grande estaba abotonado con la perra y el otro daba vueltas alrededor mio mientras el chiquito me lengüeteada mi vagina mojada.

Me pare di la vuelta y aproveche el escalon mi culito apuntaba hacia la puerta mientras mis piernas apoyaban contra el peldaño, chiquito siguio mi colita, metio otra vez su hocico pero ninguna intencion de subirse, lo llamaba pero nada, mientras me volvia a para el grande solto a la perra y con mi calzon me acerque a ella se lo pase en su concha llena de jugos y semen y me lo puse, senti como la tirita se me metia entre mis nalgas, la saque a un costado y me fui acercando al chiquitin me puse otra vez en el piso y le di todo mi culito en su cara el olfateo y se volvio loco.

Se subio en mi culito pero no alcanzaba y estaba cogiendo el aire, me incline un poco hacia atras y senti su pene golpear mis gluteos en eso el perro que estuvo con la perra aun con su pene colgando se acerco le gruño al chiquitin y me lengüeteo toda mi vagina hasta llegar a mi ano, en eso lo senti cuando dejo caer su peso sobre mis caderas rompiendo mi vestido su pene me golpeaba duro el cachetito , me movi hacia donde lo sentia y ahora golpeaba mi vagina hasta llegar a mi ano, sin poder hacer bingo, yo lo deseaba, queria ser penetrada por cualquiera de ellos.

Trate de tomarlo en mi mano pero cada vez que lo hacia me gruñia eso me asusto mucho, quise salirme pero me tenia tomada de las caderas muy fuertemente, en eso senti como la punta abrio mis labios y entro, un pequeño grito salio de mi y el desgraciado comenzo a darme como loco, su pene termino de ponerse duro dentro mio, su bulbo penetro mis labios dandome un rico orgasmo, cada clavada sentia como su bulbo entraba mas en mi mas alla de lo que jack nunca me lo metio, un dolor rasgante se apodero de mi, sentia que su pene golpeaba fuertemente mi utero, cada arremetida era colosal, me estaba poseyendo un callejero, sentia como su baba caia en mi espalda y su pene hinchado daba gozo a mi ser, queria gritar de gusto pero gente pasaba por la entrada del callejon y yo dejaba que el mi hiciera suya.

Fue un frenesi histerico el empujaba y yo retrocedia para sentirlo todo dentro mio, dos o tres movimientos mas y otro orgasmo me inundaba, sentia como me estremecia mientras el continuaba dandome muy rapidamente, mis gritos ahogados se apoderaban de mi, no alcance a terminar de acabar cuando senti como otro orgasmo me volvia loca, vamos carbron le dije para que me matas, y en eso su semen caliente golpeo mi utero inundandome toda, mis tiritones eran incontrolables me tenia al borde de perder el conocimiento, ya estaba cansada, no tenia fuerzas.

El desgraciado se bajo de mi quedando poto con poto y me arrastro por el suelo su bulbo firmemente dentro mio no dejaba que nos separaramos, me tome de la barandilla por temor a que me arrastre a la calle, eso fueron minutos eternos hasta que su bulbo se deshincho y salio dejando que un mar de semen corriera por mis piernas, volvi al peldaño y chiquitin volvio a mi entre pierna, lo deje lamer para asi limpiarme todo ese caliente semen que me tenia toda sucia, mi vestido destruido, su lengüita daba ricas lamidas, me reclino contra la pared y el se subio encima y daba cogidas al aire, pobrecito pense, me dio pena, le tome su pene firmemente y lo deje que siga cogiendo, jadeaba mientras golpeaba fuertemente mi mano, su bulbo estaba bien hinchadito, lo baje del peldaño y lo deje que entrara en mi vagina, mmmm que ricas arremetidas, dame dame chiquitin le dije hoy no te quedaras con las ganas y me daras placer.

Chiquitito pero empeñoso logro sacarme dos orgasmo rapidamente y su bulbo golpeaba mis labios pero no alcanzaba a entrar, era rico sentirlo dentro, sus movimientos mas rapidos que el grande me hacian sentir muy bien su pene entraba y salia de mi vagina, dandome mucho placer, en eso se quedo tranquilo y comenzo a llenarme de semen, calientito, mojandome toda, lo acerque mas a mi para no dejarlo salir hasta sacarle hasta la ultima gotita de su leche, trate de apretarlo lo mas que mis fuerzas me dejaran y senti como en cada palpitacion su semen entraba en mi, rico le dije dame toda tu lechecita, senti tan rico como acababa dentro mio que no queria que terminara lo senti muy pero muy rico.

Ya terminado esto trate de arreglarme un poquito pero mi vestido roto mis piernas y muslos todos sucios me senti morir, era la primera ves que una calentura me llevaba a perder el control de mi ser. Sali corriendo del callejon rumbo a casa, en el camino estando a dos cuadras una pareja penso que me habian atacado, me decia hey necesitas ayuda, pero no conteste corri mas rapido hasta llegar a casa.

Una vez dentro mis perros me vinieron a saludar y me olfateaban toda, me desnude y me di una reconfortante ducha y luego a la cama estaba muerta. En la mañana me levante me puse una bata y Sali a buscar el diario a la puerta y grande fue mi sorpresa cuando veo en el ante jardin al chiquitin, estaba ahi sentado mirandome y moviendo su colita, entre a casa y le servi leche y un poco de alimento los lleve a la puerta y el muy contento vino a mi puerta a comer.
Ese si que es un amante persistente!!

Vacaciones en el campo

Septiembre 4, 2007 - Leave a Response

Acepté la invitación de mi cuñado para pasar el verano en su estancia de La Pampa. Estaba cansada del trajín de la ciudad. Quería disfrutar de la naturaleza y la vida al aire libre.

Emprendí el viaje entusiasmada y con el deseo de aprovechar los días y cambiar la rutina. Quería experiencias distintas, novedosas y fuertes. Andar a caballo, gozar galopando al viento. Bañarme en la laguna. Escuchar el trino de los pájaros y el ruido nocturno de los animales y el viento meciendo las hojas de los árboles. Ese incomparable e inconfundible olor de la tierra húmeda, que tantos recuerdos me traían de la niñez.

Me esperaban mi hermana y mi cuñado en la estación, felices con mi decisión, y de allí nos dirigimos al campo donde arribamos al mediodía.

Me instalé en un dormitorio amplio que poseía un baño en suite con un jacusi enorme que invitaba a disfrutarlo en cualquier momento. Un ropero antiguo, una cama de dos plazas, dos mesas de luz, todo de estilo rústico, que hacían del aposento un ámbito distinguido y acogedor. Un amplio ventanal me permitía ver desde allí la grandiosidad de la pampa y la belleza del campo florecido en el verano, y la libertad de los animales pastando, sobretodo los caballos que siempre me atrajeron por su porte y su nobleza de los que guardaba el mejor de los recuerdos.

Alejado del casco principal, estaba la casa del capataz y su mujer, y al costado de la misma un galpón, y el establo donde los caballos pernoctaban para iniciar temprano las tareas rurales.

Mi cuñado me presentó al capataz y a los peones y les instó a darme un par de caballos de montar mansos y dóciles, para pasear y recorrer la estancia durante mi permanencia.

Así fue que me ensillaron un alazán y un zaino para distintos días que resultaron hermosos, porque así como yo aprendí a quererlos, sentí que ellos me comprendían y nos llevábamos de maravillas. Eran briosos, pero a la semana se dejaban ensillar y acariciar por mis manos y recibían su ración de comida y golosinas por su fajina diaria que me encargaba personalmente de ofrecerles. Parecían esperarlas cuando los desensillaba y los llevaba al establo.

A partir de allí me encargué de lavarlos y prepararlos para el día siguiente prescindiendo de los peones.

Una de las razones de mi estadía era la de permanecer en la finca mientras mi hermana y mi cuñado se iban de vacaciones a Mar del Plata cuidando sus bienes y por ello a la semana quedé sola en la casa principal. Estaba feliz. Disfrutaba de la naturaleza en soledad. Los caballos eran mi compañía. No me faltaba nada o sí. Hacía tiempo que no disfrutaba de relaciones sexuales. Mis últimas experiencias me habían frustrado y renegaba de las mujeres y los hombres.

Una mañana me desperté con el relincho de un padrillo que iba a servir a una yegua en celo. Me levanté presurosa para observar el acto de procreación entre dos animales que respondían a sus instintos. Nunca lo había visto.

Me apoyé en el aljibe a unos diez metros del potrero donde el padrillo comenzó a cortejar a la yegua que finalmente se paró y abrió sus patas traseras abriendo las ancas. Observé como el padrillo desplegaba su verga que debía medir como 50 centímetros, y luego de montarla por detrás, la penetró después de dos intentos infructuosos. La yegua emitió un relincho, pero no se apartó hasta pasado un tiempo, en que el padrillo derramó todo el semen en su matriz. Era una visión fantástica y yo instintivamente llevé mi mano a mi pelvis tocando la vulva llevada por la calentura de ver semejante verga irrumpiendo en la matriz de la yegua, que luego se retiró satisfecha.

Me alejé confundida y busqué en el jacusi aliviar mis tensiones. Llené de agua la bañera, y mientras cerraba los ojos comencé a masturbarme suave y profundamente introduciendo en mi vagina un consolador enorme que previsoramente había traído con mi equipaje. El jabón facilitaba el vaivén aunque no era necesario, la visión y la fantasía del semental cogiéndome fueron más que suficientes para gozar de un orgasmo prolongado, Me bañé y cené para luego acostarme e idear como hacer realidad mi fantasía. Alguna vez lo había visto en revistas y porque yo, no podía consumarla. Sería capaz mi concha de albergar tamaña verga. Solo probando podría comprobarlo.

Al día siguiente mientras ensillaba al zaino que me parecía más manso comencé a acariciar los testículos y ante mi sorpresa observé como aparecía y se desplegaba la verga. No se molestó Titán, que así se llamaba, y sabiéndome sola en el establo tomé la verga con mis manos y apresuré el movimiento. Era suave la piel y la cabeza enorme y apenas me cupo cuando la llevé a mi boca. Comencé a lamerlo y de pronto derramó torrentes de semen que me atragantaron e hicieron que retirara la verga para contemplar la leche caer sobre el fardo de heno. Eso no sería todo, quería más, podía introducirme la verga en mi concha y gozar, pues me di cuenta que sería capaz de soportarla a pesar de sus dimensiones.

Estuve pensando como sería la mejor forma para sentir esa experiencia única. Dos días después acomodé un fardo de pasto bien mullido pero firme. Noté a Titán inquieto cuando me aproximé y volví a repetir las caricias en sus testículos, parecía presentir lo que yo necesitaba. Desplegó rápida y totalmente la verga, la refregué entre mis senos y ya caliente, ansiosa y desbordada por el deseo, la besé y la coloqué a la entrada de la vagina entre abriendo la vulva húmeda y pegajosa. Lo ayudé abriendo el orificio y el animal instintivamente, me la metió dilatando las paredes y provocando un grito de dolor que no pude contener. Me agité e hice que se moviese causándome un inmenso placer. La leche cálida y abundante llenó mis entrañas. Era una cogida bestial en toda su expresión. Parecía no terminar nunca, entonces en el paroxismo de la calentura, la saqué de la concha y coloqué su verga en el ano e hice que me penetrara. También se mezclaron el dolor y el placer hasta que exhausta y satisfecha me retiré luego de vestirme. Fui a la casona donde tomé un baño de inmersión y comprobé la dilatación del orificio anal y la vulva irritada por la enorme verga del semental. Quedé satisfecha y feliz de haber consumado en los hechos mi fantasía, aunque de ahí en más no me conformaría con un miembro común.

relatos eroticos – sexo en el autoservicio

Septiembre 4, 2007 - One Response

EN EL AUTOCAR – De repente, el pene dentro de su cuerpo, ese pedazo de gelatina, empezo a vibrar en su coño como la mas cabrona de las pollas. Y esta vez, los tres chicos y la pareja de adelante, si oyeron su gemidoEN EL AUTOCAR De repente, el pene dentro de su cuerpo, ese pedazo de gelatina, empezó a vibrar en su coño como la más cabrona de las pollas. Y esta vez, los tres chicos y la pareja de adelante, si oyeron su gemido

Rebeca no se lo creía. Ni siquiera sabía que existía ese tipo de “bragas”. Su primera reacción al verlas fue de risa. No lo pudo evitar, se rió. Una risa corta, algo nerviosa, sin dejar de mirar las “braguitas”. Eran como un tanga, casi… La tira por detrás, sí, aunque no de tela sino de una especie de látex. Pero, por delante… Por delante no había tela. En su lugar, sujeto por bandas laterales, un pequeño rectángulo de gelatina del que sobresalía un pene de no más de seis centímetros de longitud del mismo material. Si, parecía más un arnés que un tanga. Pero el pene no apuntaba hacia el exterior. Rebeca se dio cuenta rápidamente, de que al ponerse las braguitas, el pene entraría en ella. Se volvió a reír.

Pero no podía tardar más. Alfonso le había dado esas bragas y estaba esperando. El autocar saldría enseguida. Y Rebeca, en el baño de la estación de autobuses, se subió su falda hasta la cintura y se quitó las braguitas que llevaba puestas, metiéndolas en su bolso.

Sabía que su coñito debería estar lubricado para que el pene de las braguitas entrara bien. Eso no fue demasiado difícil. Pasó un dedito por su clítoris, lo bajó por su rajita, lo introdujo despacito y enseguida notó la humedad que llegaba. Le había bastado pensar que en menos de un cuarto de hora estaría dentro del autocar, con Alfonso, sentada junto a él, con esas “braguitas” puestas.

Introdujo el pene, primero con un poco de miedo, pero entró suavemente. Quedó encajado dentro de ella, y se ajustó las bragas. Notó más humedad en su vagina. Y una agradable sensación, que la seguía excitando. Además, cuando tuvo ya las braguitas bien apretadas, notó que el pene se apretaba contra su pubis, rozaba ligeramente su clítoris al andar.

Se arregló el vestido y salió del baño. Sus pasos al principio, eran un poco más cortos. Se sentía excitada, pero también un poco extraña. Debía hacer un esfuerzo para no bajar la mirada hacia su vientre y empezó a tener la sensación de que todo el mundo la miraba cuando atravesaba el andén. Empezó a pensar que todos se daban cuenta de que caminaba con una polla dentro, aunque ella sabía que no era así. A cada paso que daba, le parecía notar más y más humedad dentro de ella, y sentía que quizás no tardaría mucho esa humedad, en llegar a sus muslos.

Se unió a Alfonso, que estaba esperando junto a la puerta abierta del autocar. Subieron, y Rebeca echó un vistazo rápido a los pasajeros que ya estaban dentro. No había muchas personas, ya era casi de noche. Una señora de avanzada edad en uno de los asientos delanteros, tres o cuatro hombres con cara de cansados y aburridos diseminados por los asientos centrales, y una chica y un chico, de no más de veinte años, que estaban sentados juntos en la zona trasera derecha del autocar, no dejando más de cinco filas detrás de ellos. Rebeca siguió a Alfonso, y se hizo la disimulada cuando notó las miradas de los hombres al atravesar el pasillo del autocar.

Sabía que estaba guapa, con esa falda roja de colegiala bastante por encima de la rodilla y esa sencilla camisa blanca debajo de la cazadora. Y si ellos supieran… Notó una ola de excitación de nuevo que la azotó por sorpresa y sintió que sus mejillas ardían. Pero le gustaba, le encantaba esa sensación. Se imaginaba que estaba paseando desnuda delante de ellos, roja de vergüenza, y que ellos miraban su entrepierna, y veían sus “braguitas”, y que le miraban la cara… Y que uno de ellos le daba dos cachetes en el culo cuando Rebeca pasaba a su lado, mientras Alfonso permanecía impasible.

Siguió a Alfonso, atravesando el pasillo del autocar, y se sentó junto a la ventanilla, tres filas por detrás de la parejita joven, pero al lado izquierdo del autobús. Y Alfonso, junto a ella.

Al sentarse, se quitó la cazadora y la posó sobre sus piernas, disimulando un poco la visión extensa de sus muslos. Y, al sentarse, también sintió que el pene de gelatina se le clavaba un poco más, que le penetraba más adentro, que quería descubrir nuevas zonas de su coñito. No pudo evitar mover el culo un poquito, hacer un pequeño círculo con su trasero sobre el asiento, intentando disimular, mientras Alfonso la miraba en silencio, observando atentamente sus reacciones. Las manos de Rebeca acariciaron casi instintivamente sus muslos un poquito por debajo de las faldas, en un gesto casi mecánico de excitación, pero rápidamente se controló.

Cruzó las piernas, sintiendo una nueva punzada dentro de ella, que le hizo morderse un poco los labios y emitir un pequeño gemido, casi inaudible, y se colocó un poco mejor la cazadora sobre sus piernas.

Sólo un momento antes de que el autocar partiera, tres chicos llegaron corriendo, y subieron precipitadamente. Adolescentes, con la juerga pintada en sus caras. Se encaminaron a la última fila, y al pasar junto a nuestros protagonistas, sus miradas de reojo evidenciaron que la cazadora de Rebeca no lograba ocultar toda la belleza de sus piernas, sobre todo en esa postura que había adoptado ella, con sus piernas cruzadas. Y Rebeca fue consciente, adivinó, que los cuchicheos de aquellos tres chicos que estaban ahora sentados detrás de ella, separados por una sola fila solitaria de asientos, murmuraban acerca de ella. Acerca de sus piernas, de su falda roja, de su cara enrojecida, del hombre que iba al lado como si ella casi no existiera.

Eso lo adivinó. Pero imaginó también, que los tres chicos se volvían a levantar, que apartaban a Alfonso de su asiento, que lo enviaban a la última fila y que uno a uno, se iban turnado para sentarse junto a ella, metiendo la mano por debajo de su cazadora, de su falda, y se encontraban esas braguitas especiales. Y uno de ellos no sabía muy bien qué hacer y se limitaba a apretar aún más el pene de gelatina dentro de ella y a sobarle las tetas. Y el segundo le quitaba la cazadora de sus piernas y le levantaba la falda, para ver mejor el panorama. Y llegaba el tercero, más decidido, que lo que hacía era abrirle más las piernas, sacarle ese falso pene de un tirón y meterle dos dedos en el coño, mientras se acercaba a su oído y le susurraba…”puta”.

Y mientras imaginaba eso, Rebeca sintió ya que el sofoco que reflejaba su cara era el comentario de todos los pasajeros del autocar, aunque sabía que realmente eso no podía ser así. Y sintió ya que la humedad que salía de su coñito, manchaba un poco su falda.

El autocar arrancó, y empezó su recorrido. El suave movimiento acentuaba a veces la presión de su braguita. Alfonso salió de su impasibilidad, y Rebeca vio como buscaba algo en el bolsillo de su americana. Adivinó inmediatamente que ese algo era para ella. Ya conocía a Alfonso. Si, ese algo sería para ella. Pero no lo vio. Lo sintió. De repente, el pene dentro de su cuerpo, ese pedazo de gelatina, empezó a vibrar en su coño como la más cabrona de las pollas. Y esta vez, los tres chicos y la pareja de adelante, si oyeron su gemido. Alfonso sonrió a todos, como diciendo, no es nada, no es nada. Pero Rebeca se había corrido ya sobre su falda. El mando a distancia accionado por Alfonso, había desencadenado por sorpresa el ataque delicioso del vibrador dentro de ella, y su cuerpo ya no la había soportado más.

Rebeca escondió la cabeza entre sus manos, como si le dolieran los ojos, o como si tuviera sueño. Pero, lo único que realmente la estaba poseyendo era ese puto vibrador, que seguía moviéndose en su encharcada cueva, seguía excitándola otra vez… No paraba. Alfonso no lo hacía parar. Y ella no podía evitar pensar, no podía evitar volver a imaginar que ahora los tres chicos de atrás debían estar pensando que “ese cerdo le está metiendo mano”, y diciendo “pues parece que a ella le gusta”… Y por la mente de Rebeca pasaba la imagen de la chica joven de adelante, que seguro que le estaba diciendo a su acompañante que”” esa chica de la falda roja es una furcia” o “seguro que le está haciendo una paja al tío ese”.

Y el vibrador seguía moviéndose, no cesaba de hurgar sus entrañas, de acariciar las paredes de su vagina. Y Rebeca, presa de la excitación, volvió a encerrar su cara entre sus manos, recostada la espalda contra el asiento, mientras realmente lo único que pensaba la chica deadelante es que “esa pobre mujer tiene jaqueca”, y los únicos pensamientos del adolescente de atrás seguían centrados en las piernas que habían adivinado al principio, en nada más.

El autocar seguía su recorrido y había enfilado la autopista. Era ya noche cerrada, y solamente una suave luz artificial iluminaba el interior del autocar. Alfonso atrajo suavemente a Rebeca sobre él. Esta se recostó en su hombro, siempre las manos en la cara, como disponiéndose a dormir, y él la cubrió con su americana, mientras su brazo rodeaba a Rebeca. La chica de adelante, que advirtió el gesto, pensó lo cansada que debía estar esa pobre chica. Y los chicos de detrás, que también intuyeron el movimiento, sintieron envidia de aquel hombre que podía a tener a esa chica durmiendo junto a él. Y nadie advirtió que la mano de Alfonso desapareció bajo la americana.

Pero Rebeca volvía a creer, con sus ojos cerrados, que lo más probable, es que todo el autocar estuviese enterándose de lo que realmente si estaba pasando. Que todos sabían que Alfonso ya había apagado el vibrador, pero que bajo la americana, la mano de él había recorrido su espalda. Y que su falda estaba ahora enrollada en su cintura, puesto que él se la había levantado. Y que él acariciaba despacito sus nalgas, una a una, sin ninguna prisa, acariciándolas como él solo lo sabía hacer. Y le parecía increíble que nadie advirtiera que uno de los dedos de esa mano oculta de Alfonso recorría despacito la raja de su culo, y separaba la tira de las braguitas y si, ahora sí, extraía ese pene de gelatina de su coño. Y Rebeca, con los ojos cerrados totalmente, estaba convencida que todo el autocar se enteraba de que los dedos de Alfonso subían y bajaban por su coño abierto. Y que todos veían lo que ella sentía ahora, que dos de aquellos dedos habían entrado suavemente dentro de ella, y que esos dos dedos la estaban follando por detrás…

Todos lo tenían que estar viendo, volvió a pensar Rebeca, tapándose de nuevo la cara ante la inminencia de otro orgasmo. Esos dedos la follaban rápidamente ahora, y más rápido, y más, y más, y más. Y ahora hacían círculos dentro de ella, se iban hacia arriba, hurgaban sus paredes, y salían por un momento de ella, se limpiaban la humedad en sus muslos y la penetraban de nuevo con un golpe seco… y se paraban un momento, como pensando a donde ir, y decidían que lo querían conocer todo, y se volvían locos dentro de su coño. Y de repente parecía que los dedos morían, se asfixiaban, necesitaban aire y salían de ella. Pero entraban de nuevo con un golpe todavía más salvaje, decididos a morir gozando. Se volvió a correr, esta vez en silencio, poniéndose casi rígida, apretando entre sus piernas la mano de Alfonso.

Sí, todos me están mirando, pensaba Rebeca, jadeando tras el escondite de sus manos, cuando en realidad la chica de adelante estaba media dormida contra la ventanilla, y los chicos de atrás hablaban ahora de fútbol.

Y cuando la mano de Alfonso, despacito, explorando cada movimiento, tomó el pene de gelatina de las braguitas, oculto bajo la americana, y empezó a frotarlo suavemente de nuevo contra el coñito de Rebeca, esta, siempre con los ojos cerrados y con la cabeza recostada contra Alfonso, volvió a pensar “todos lo saben”. Todos saben que me ha follado con los dedos, todos saben que llevo la falta en la cintura, que tengo el culo al aire debajo de esta puta americana, que ahora me ha metido ese aparato otra vez, que lo está empujando. Y cuando Alfonso, con su mano libre, volvía a encender con el mando a distancia el vibrador que ya estaba de nuevo dentro de ella, Rebeca volvió a pensar…”El conductor parará el autocar. Me echará por zorra…”.

Y cuando Alfonso, ahora usando su mano oculta bajo la americana, y aprovechando la humedad de la entrepierna de Rebeca, comenzó con un dedo a lubricar su culete, Rebeca pensaba ya que los tres chicos de atrás seguro que se estaban masturbando con el espectáculo. E imaginaba a esos tres chicos, con sus pollas al aire, meneándoselas frenéticamente delante de Alfonso y ella. Y, cuando el cabrón de Alfonso, sacó de nuevo ese pene de gelatina de su coño, y con un “clic” casi inaudible lo separó de su soporte y se lo introdujo con firmeza en el culo, Rebeca, siempre con los ojos cerrados, imaginó a los tres chicoscorriéndose casi a la vez, desbordados por la visión de ese juguete en su culo. E imaginaba a la chica de adelante, que seguro que le había bajado los pantalones a su novio y estaba ahora chupándole la polla con las bragas en las rodillas, excitada por el espectáculo, estaba segura, a pesar de tener sus ojos cerrados. Aunque en realidad la chica de adelante estaba dormida ya hacía un tiempo, y los chicos de atrás seguían con su fútbol, y nadie era consciente de cómo a escasos metros de todos ellos, Rebeca era sodomizada por un pene de gelatina, mezclando su excitación con la frustración por no poder gritar su placer.

Solo cuando Alfonso le recompuso la falda y retiró la americana de su cuerpo, supo que el autocar había llegado a su destino y abrió los ojos. Y mientras, detrás de Alfonso, Rebeca caminaba por el pasillo con el pene de gelatina todavía vibrando en su culo hacia la salida no se atrevió a mirar atrás porque estaba segura de que los chicos estaban diciendo: “ya se va la puta”. Y cuando pasó al lado de la parejita, se volvió a sonrojar porque Rebeca imaginaba que lo habían visto todo. La chica de la parejita, miró a Rebeca y le dio un poco de pena. Debía estar enferma. Esos colores.

Los chicos también la miraban. Y hablaban entre ellos: -¿has visto que tía? Me la follaría -Y yo, ¡no te jode! -Pues le debe hacer falta. El tío ese pasaba de ella. Ni la miraba. ¡Qué idiota!

buscador de imagenes gratis

Diciembre 14, 2006 - Leave a Response

Estoy probando un buscador de imagenes gratis con el cual puedes encontrar mas facilmente las imagenes que buscas sin necesidad de tener que estar abriendo cientos de paginas pesadas y sin ningun valor.

El buscador deja buscar lo que sea y esta basado en busquedas de imagenes de google.

Espero que les sirva.     VER PROYECTO

como siempre algo es libre o gratis

Septiembre 21, 2006 - One Response

En internet exiten cientos de sitios gratis pero son pocos los sitios libres.

Quisiera saber tu opinion acerca de que es mejor un sitio gratis o libre?

Tambien quiero saber si entiendes la diferencia…un sitio puede ser libre pero no necesariamente gratis. Estarias dispuesto a pagar por que respetaran tus derechos.

Tu opinion nos interesa. En base a las respuestas estaremos con unos amigos colocando informacion sobre algunos sitios libres y otros gratis.

saludos

Llamenme

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